Has vuelto al café donde acostumbras a sentarte, a tus cuadernos y tu pluma sobre el mármol de una mesita redonda. Café con leche, papel vergé.
De entre las páginas del ejemplar que acabas de comprar en la librería de viejo, una servilleta doblada en cuatro cae sobre los apuntes. La desdoblas y lees, con la impresión de asistir a un recuerdo:



