¿No será el Hotel du Lac un lugar donde mandar a las mujeres que dudan a una suerte de retiro que, disfrazado de terapia, permita al mundo quitárselas del medio?
¿Acaso es posible renunciar al carácter performativo de la identidad femenina?
Yo elegí esta novela en busca de un texto amable y, por suerte, me equivoqué. Mi estancia en el hotel me ha llevado a preguntarme hasta qué punto lo que soy tiene que ver con lo que se espera de mí. De qué manera ponemos un pie en el mundo obligadas a elegir, a habitar un yo de catálogo: ¿alocada o responsable, infantil o madura, atrevida o recatada?
¿Y qué significa, entonces, vivir con autenticidad?
Hace tiempo abandoné la idea infantil de llegar a ser «yo misma». Pienso, sin embargo, todo el tiempo, en cuáles son las concesiones que puedo permitirme para vivir con los otros sin dejar de reconocerme.


